
Estos días se está conmemorando la caída del muro de Berlín. Veinte años ya...
Nunca olvidaré los sentimientos que despertaron en mi aquellos acontecimientos, igual que a muchísima gente, como tampoco olvidaré la fecha, ya que, en diciembre de aquel 1989, se fue una persona que había empezado a gustarme mucho.
No llegamos a conocernos tanto como para poder catalogarnos como amigos, pero aún así, siempre le sentí como un alma hermana y afín.
Adiviné que se trataba de una persona que se hacía muchas preguntas, igual que yo, y cuya curiosidad por descifrar las respuestas, le empujaba a asomarse peligrosamente al otro lado.
Una noche, tomando unas cañas con un amigo en común, me enseñó a hacer pajaritas con servilletas de papel.
En los días que siguieron, me puse a ensayar y ensayar, tan contenta, como si necesitara fijar en mi mente aquel momento.
Adquirí tanta destreza, que un día lo festejé inundando el salón de mi casa de pajaritas de papel.
Las había de todos los tamaños, hasta una que medía casi como un perro grande.
Pero, con el tiempo, nuestros caminos se bifurcaron, aunque seguí manteniendo contacto con algún amigo del grupo.
Un mediodía, llamé a uno de ellos para charlar un rato y cuando le pregunté por él, intentando disimular mi interés, me informó apesadumbrado de que había muerto de sobredosis...
Y pasaron los días y los meses, aunque ya no viéramos el mismo cielo, como pasa siempre.
Por aquel entonces, yo daba clases de francés y, muchas veces, en el metro, al enfilar las interminables escaleras mecánicas, apretujada entre la gente, me sentía deprimida y fagocitada por la gran ciudad.
Uno de aquellos días grises de metro, mientras iba pensando, toda triste, sobre el presente y el futuro, su pensamiento me vino a la mente, como una ráfaga de viento.
Justo después, al agachar la mirada, vi tirada en el suelo una pequeña pajarita de papel.
Ya no recuerdo cómo se hacen, y sigo aquí, viendo por la tele cómo se festejan los veinte años de la caída del muro de Berlín, pero a veces me pregunto cómo estará y qué siguió a su viaje por los planetas...
Alicia.
Nunca olvidaré los sentimientos que despertaron en mi aquellos acontecimientos, igual que a muchísima gente, como tampoco olvidaré la fecha, ya que, en diciembre de aquel 1989, se fue una persona que había empezado a gustarme mucho.
No llegamos a conocernos tanto como para poder catalogarnos como amigos, pero aún así, siempre le sentí como un alma hermana y afín.
Adiviné que se trataba de una persona que se hacía muchas preguntas, igual que yo, y cuya curiosidad por descifrar las respuestas, le empujaba a asomarse peligrosamente al otro lado.
Una noche, tomando unas cañas con un amigo en común, me enseñó a hacer pajaritas con servilletas de papel.
En los días que siguieron, me puse a ensayar y ensayar, tan contenta, como si necesitara fijar en mi mente aquel momento.
Adquirí tanta destreza, que un día lo festejé inundando el salón de mi casa de pajaritas de papel.
Las había de todos los tamaños, hasta una que medía casi como un perro grande.
Pero, con el tiempo, nuestros caminos se bifurcaron, aunque seguí manteniendo contacto con algún amigo del grupo.
Un mediodía, llamé a uno de ellos para charlar un rato y cuando le pregunté por él, intentando disimular mi interés, me informó apesadumbrado de que había muerto de sobredosis...
Y pasaron los días y los meses, aunque ya no viéramos el mismo cielo, como pasa siempre.
Por aquel entonces, yo daba clases de francés y, muchas veces, en el metro, al enfilar las interminables escaleras mecánicas, apretujada entre la gente, me sentía deprimida y fagocitada por la gran ciudad.
Uno de aquellos días grises de metro, mientras iba pensando, toda triste, sobre el presente y el futuro, su pensamiento me vino a la mente, como una ráfaga de viento.
Justo después, al agachar la mirada, vi tirada en el suelo una pequeña pajarita de papel.
Ya no recuerdo cómo se hacen, y sigo aquí, viendo por la tele cómo se festejan los veinte años de la caída del muro de Berlín, pero a veces me pregunto cómo estará y qué siguió a su viaje por los planetas...
Alicia.



